Vidriera

Todo negocio
un café, un banco, donde te cortan el pelo
es un escaparate
de ventanales inmensos y luces brillantes
donde la exposición en vidriera
sos vos—vos, hecho producto,
y todos te miran a su paso
y vos mirás a todos desde tu silla
y varios anhelan estar en tu sitio
y vos disfrutás ser el centro de anhelos.

El boliche más inclusivo de todos

Existe una utopía a la que todo filósofo debería tomar de modelo,
un lugar que se busca con más empeño que la entrada del Cielo;
donde todos tienen la puerta abierta y nadie se queda afuera,
donde todos son iguales y nadie mira al otro en forma altanera;
donde no importa si sos alto, bajo, rollizo o delgado,
si sos negro, blanco o de un marrón no categorizado,
si llegaste al mundo recién o festejas este día como uno ganado,
si estás en la flor de la vida o tu vida es una flor que lentamente marchita;
donde no importa si sos hétero, gay o transexuado,
si tu situación es casado, viudo o algún otro estado,
si cambiás todos los días de novia o estás solo y mortificado,
si salís seguido con tus amigos o te la pasás aislado en tu pieza;
donde no importa si sos budista, judío, musulmán o cristiano,
si crees en Dios o sos un ateo que nunca se ha confesado,
si sos obrero, clase media o un cerdito acaudalado,
si sos de izquierda, indiferente o más bien derechista;
donde no importa si tenés un trabajo digno o estás desempleado,
si sos cumplido, serio y honrado o un transgresor por la policía buscado,
si vivís en una villa o en el más exclusivo barrio cerrado,
si te sobra el dinero o no te alcanza ni para dos galletitas;
mientras tengas un billete de circulación válido
o un rectángulo con tu nombre hecho de plástico
(y que cuando pase por el aparato diga que tenés saldo)
podés entrar al boliche más inclusivo de todos;
pero si no tenés un medio de pago a mano,
vas a aprender lo que es el ostracismo, estar out y ser ignorado
porque este club es un lujo…
pero sólo para los que están invitados.

Cosas

Estamos rodeados de cosas. Cosas nuevas, cosas viejas, cosas prácticas, cosas vanas, cosas grandes, cosas chicas, cosas necesarias, cosas inútiles (pero atractivas.) No sólo tenemos cosas sino que cada vez tenemos más. Llevamos, de hecho, tantas cosas que es cada vez más raro ver a alguien caminar sin una bolsa o un morral, una mochila o alguna otra cosa.

Las cosas nos rodean. En todo momento, prácticamente, estamos usando alguna cosa. En forma constante estamos moviendo cosas y moviéndonos entre cosas. Si no estamos transportando nuestras cosas las estamos adquiriendo o, en menor medida, desechando; pero por suerte nuestras cosas son cada vez más maleables y fáciles de transportar.

Mantener las cosas no es fácil. Tenemos que cuidarlas: limpiarlas, acomodarlas y ordenarlas. A veces se rompen y necesitamos arreglarlas; a veces se rompen y necesitamos reponerlas; a veces se rompen y las descartamos imperceptiblemente por ahí. Cada vez más las cosas se vuelven obsoletas. Además, y a pesar de su abundancia, no dejan de inventarse nuevas cosas. Por eso necesitamos siempre la cosa más reciente: nos desesperamos por tener la novedad. A veces nos cansamos y decimos que la cosa no va más, pero siempre aparece una cosa bonita o una cosa insólita y original que nos tienta a comprar.

Tantas cosas atesoramos que ya ni sabemos cuántas tenemos. Es que las cosas nos encantan (salvo, claro, cuando nos tenemos que mudar. Sólo ahí—y sólo mientras dura la mudanza—notamos todas las cosas que llegamos a acumular.) No sabemos dónde metemos todo, pero siempre hay lugar para una cosa más.

Las cosas a veces actúan como paredes que nos separan de los demás. Vivimos intermediados de cosas que nos acercan a lo que no nos necesitábamos acercar. A veces estamos cerca pero las cosas nos alejan más de lo que nos gustaría aceptar. A veces no sabemos ni dónde estamos y necesitamos alguna de nuestras cosas para podernos encontrar. En ellas nos buscamos pero sin llegarnos a hallar.

Tan acostumbrados estamos a las cosas que una cosa nos parecen los demás. Eso no nos asusta—casi nunca lo llegamos a notar; el tema es cuando la cosa, somos nosotros para los demás. Es ahí cuando la cosa se pone fea y es entonces que recurrimos a esas mismas cosas mágicas para expresar nuestro pesar.

Estamos rodeados de cosas, cada vez tenemos más. El tema es qué cosa hacemos con todo lo que llegamos a acumular. El tema es qué cosa haremos cuando veamos el montón de nada que nos llevó toda una vida juntar.

Fragancias

Fui al súper. Entre otras cosas necesitaba comprar un desodorante de ambientes. Me costó trabajo elegir uno. No sé que onda con las fragancias: entiendo que los fabricantes quieran diseñar olores que toquen una fibra sensible en la gente, pero me parece que se están yendo un poco al carajo. Veía las etiquetas y me sonaban a cosas como “Aliento de bebé recién nacido”, “Nostalgia de esas vacaciones inolvidables en la playa” o “Cariño de la abuelita” ¿No será mucho?