Inocencia

Su coordinación es imperfecta, lo mismo que su perspectiva y la noción de su cuerpo. Quiere agarrar la pelota, pero se pone demasiado cerca y la patea cada vez que se agacha estirando los brazos. Así lo intenta cuatro o cinco veces hasta que frustrada se larga a llorar y llama a su mamá; la pelota, medio metro más adelante, parece decir “yo no tuve nada que ver, no es mi culpa”.

Amor a la vista

Mientras marchamos por la vida nos miramos unos a otros. Aunque la mayor parte de esas miradas no pasan de un instante y casi nunca se vuelven a cruzar, no dejan de dialogar. En ocasiones, más que conversar esbozan pequeñas historias que germinan a veces progresivamente, a veces vertiginosamente, en nuestras abstraídas mentes de transeúntes. En la mayoría de las ocasiones no son más que cotidianos eventos intrascendentes, pero en alguna que otra oportunidad progresan hasta convertirse en dramáticas y emocionantes telenovelas llenas de amor y desencuentros.

A veces las retinas expandidas exponen un amor ardiente. Un deseo profundo y latente que se descarga como un rayo. Los ojos, los rostros o una sonrisa comparten un universo de adoración en un efímero instante.

Otras veces sentís que esos ojos fulgurantes esconden una divinidad ajena a tu insustancial realidad. Boquiabierto admiras esa realeza como un sumiso vasallo que percibe en su soberano a un enviado de Dios.

En ocasiones la comunicación es romántica y tierna. Cruzás la vista con una de esas miradas llenas de dulzura en una persona a la que te gustaría morir abrazado. Tu corazón queda palpitando por un lapso, tu mente divagando en epopeyas de amor y perdices.

A veces tu amor sufre despechado. Mirás con ojos lujuriosos y la boca llena de baba, pero recibís a cambio una inspección dura y cortante que te ignora con menosprecio. A veces tu mirada deseosa y ansiosa encuentra unas pupilas que manifiestan la paz de una estable pareja amorosa, retinas que te miran con chanza porque empatizan con tu situación pero disfrutan con gozo de la suya.

A veces el amor es imposible. Las miradas se cruzan—pero tarde y dejan flotando en el aire la sensación de algo perdido, como cuando se te ocurre una idea legendaria a la que una distracción vaporiza y queda perdida por siempre en el éter.

A veces te enamoras en secreto. Empezás a imaginarte con tu media naranja en un romántico cuento de hadas hasta que el otro abre la boca y te das cuenta que es un tomate podrido. Sus palabras repercuten en tu pensamiento como una autobomba que avanza con la sirena puesta y los bomberos dispuestos y a toda máquina apaga en un instante el fuego de tu arrebato.

A veces te sostienen la mirada unas pupilas persistentes y delirantes de entusiasmadas hormonas adolescentes; a veces son unos ojos maduros y solitarios los que te curiosean con un coqueteo sutil. A veces observas deleite y alegría, a veces una mortificada desesperación; a veces los ojos muestran un ser que perdió toda esperanza, a veces son dos tímidos soles que vuelven a clarear luego de una larga noche; a veces son miradas cohibidas, secas de tanto lagrimear; a veces son ojos decididos que previsiblemente se van a golpear.

Los disc-jockeys de la conversación

Muchos de nosotros somos inconscientes disc-jockeys. Somos los animadores de la fiesta que hacemos cotidianamente de la conversación. No es que nos contraten para serlo: por lo común nos quieren echar, pero estamos tan entregados a nuestra pasión que lo hacemos sin cobrar y aún a costa del deseo de los demás.

Alguien comenta un tema e inmediatamente sacamos el disco que lo contiene y pasamos una por una todas las canciones del compacto. Desde nuestro rincón en el evento monopolizamos el sonido y difundimos, a todo volumen y sin interrupción, cada una de las pistas pertinentes. Creemos que los demás bailan de alegría con nuestra música, pero sólo agitan los brazos resignados.

Algunos ingenuos quieren que pasemos un determinado tema, pero casi nunca aceptamos tocar lo que nos piden. Otros—animales—pretenden interponer otro artista o pasar una canción de otro género; en esos casos defendemos nuestra música con la misma fiereza del láser que la grabó. Si a los demás no les gusta la canción o no los termina de convencer, la repetimos de nuevo. La pasamos una y otra vez hasta que el disco queda plasmado en la mente del otro.

Si alguien pone en duda nuestro conocimiento musical sacamos a relucir nuestra completa y exhaustiva colección de discos. Apabullamos de datos y números con la erudición de un fanático apasionado por la música—pero sin oído para ella. Un frustrado intérprete sin habilidad ni para el canto ni para un instrumento que canaliza en un eterno long play lo que no pudo lograr en ejecución.

Acumulamos temas sin cesar. Nuestra colección es inmensa: no importa el género, la época o el artista de todo tenemos un disco. En el peor de los casos tenemos por lo menos un tema. Rara vez algún mal DJ admitirá que no tiene una canción—¡y para qué! Será criticado por los otros debido a su falta de preparación y para corregirlo, para que aprenda, recibirá una demostración de saber musical.

Jamás nos cansamos de nuestros ritmos. Tenemos puestos unos auriculares virtuales que nos aíslan del ruido exterior y así podemos deleitarnos encerrados en la pasión de oír una y otra vez nuestros temas favoritos harto repetidos pero jamas gastados. Como dice la canción, it‘s only rock and roll pero ¡cómo nos gusta!

Cruzar la calle

El hombrecito del semáforo deja de titilar y se pone rojo; en las luces redondas se encienden la colorada y la amarilla. Él igual avanza. Sabe que es tonto lo que va a hacer. Yo sé que sabe porque se le nota un rubor en la cara y su andar es rígido. El conductor del auto en primera fila también lo sabe porque lo putea mentalmente. Sé que lo putea porque veo la cara de culo que pone. No pasa nada, sin embargo.

El pibe cruza estresado pero despacio. El conductor lo mira iracundo pero en silencio. El chico termina de cruzar y mira para atrás de reojo, pero aliviado. El automovilista pisa el acelerador y arranca, muy apurado. Yo los miro avanzar y me quedo como estoy—parado.