Hablar, hablar, preguntar, buscar: qué comprar, qué regalar, qué descuentos hay
hablar, intercambiar, aconsejar, compartir, cobrar, ¡bendito aguinaldo!
gastar, comprar, tarjetear, comprar, ¿hay descuento? comprar, comprar
hablar, contar, aconsejar, intercambiar, coordinar
trabajar, trabajar, trabajar, ¡que termine el día!, trabajar, trabajar
correr, comprar, cambiar, probar, correr, comprar, correr, correr
limpiar, acomodar, limpiar, hablar, combinar, retar, preparar, ordenar
acicalar, perfumar, peinar, planchar, mirar, ajustar
correr, retar, acomodar, organizar, preparar, acomodar
esperar, retocar, preguntar, controlar, esperar, hablar, revisar, esperar
saludar, saludar, hablar, reír, besar, hablar, saludar, invitar
acomodar, servir, probar, hablar, hablar, contar, picar, saludar, hablar, ¡a comer!
servir, reír, comer, comer, hablar, comer, hablar, hablar
regalar, abrazar, besar, reír, hablar, comer, hablar, comer, comer
saludar, besar, agradecer, felicitar, desear, besar, abrazar, ¡chau, chau!
retornar, acomodar, tomar agua, tomar hepatalgina, apagar
dormir, roncar, dormir, dormir, dormir, dormir…

 

Pasó la Navidad

A correr que se viene

Corran, corran, todos corran
aceleren a fondo, bocineen al peatón, ignoren el semáforo
corran todos como locos que se viene el desastre
¿qué dice el parte? ¿hay alerta?
preguntale a Juancho que siempre la pega
¿qué hacemos? ¿qué hacemos? ¿corremos? ¿corremos?
sí, sí, corran, corran que llega el prodigio, que vienen bolas como huevos, como pelotitas de ping pong
el auto, el auto, ¡hay que resguardar el auto!
una playa, un árbol, un techo, algo: algo que proteja contra el espanto
¡mirá las nubes! ¡mirá que oscuras, que negras! ¡y los relámpagos: cómo brillan en el cielo!
que viento, que viento: ya se desploma el firmamento
acelerá, acelerá, apurá que no llego
pipip, pipip
correte, boludo, correte, correte que va a caer como nieve,
como huevos de avestruces,
como bolas de bowling
apurá, apurá que no llego y ya llega
mirá, mirá: ya gotea ¡la puta madre!
vamos, vamos que se larga
el auto, la puta madre, el auto
dale, dale que se larga
(combustión a fondo, chirrido en la esquina)
a ver ahí, sobre la vereda, ahí abajo del árbol

¿y?
ya llueve, llueve

¿y?
no, por ahora nada—por suerte—no caen las piedras, no caen los huevos

¿y?
uy, ya paró: por suerte no pasó nada
falsa alarma, un susto, nada importante
el auto sigue intacto
eso sí: a mí casi me da un infarto

Vidriera

Todo negocio
un café, un banco, donde te cortan el pelo
es un escaparate
de ventanales inmensos y luces brillantes
donde la exposición en vidriera
sos vos—vos, hecho producto,
y todos te miran a su paso
y vos mirás a todos desde tu silla
y varios anhelan estar en tu sitio
y vos disfrutás ser el centro de anhelos.

La despedida

Un beso dulce que sabe amargo,
un abrazo que no se puede soltar;
una sensación convertida en nostalgia,
un recuerdo que empieza a asentar;
una emoción que sufre contenida,
una aflicción que no se quiere mostrar;
una voz cohibida que calla mucho,
una mirada triste que no para de hablar.

Una profunda mirada intenta retratar
como una cámara de fotos emocional;
una acariciante mano busca esculpir
los rasgos frágiles de una presencia sutil;
una certeza estéril el saber que es lo mejor
porque la separación igual rompe el corazón;
una fría y monótona voz se interpone al dolor,
la del guardia que exhorta al último adiós.

La tristeza que se expresa rendida,
la humedad que se queda contenida;
el alma que se contrae afligida,
el dolor que crece y aniquila.

Una calma que demora en llegar,
una zozobra que no se puede ocultar;
una rutina que ayuda a olvidar,
una realidad que obliga a continuar.

Epopeya de una realidad meritoria

I

Los contactos son un capital importante:
uno puede ser vago, irresponsable e ignorante,
pero si tiene buenos amigos
las puertas se le abren.
Así es como pasó un día
en que había que cubrir una vacante.
El puesto estaba por ser otorgado
a un candidato de perfil impecable,
pero unos minutos antes
de esa elección tan destacable
el dueño recibió un pedido:
un querido amigo de la facultad
recurría a su apoyo afectuoso
para colocar con él
a su más ilustre pimpollo
que, —¿viste como es?
Está medio perdido…
Necesito que enfoque su mente
y avance recto
por lo menos un trecho…
—No te preocupes, querido,
mandalo nomás, que de él
yo me hago cargo.
Así te encontrás de sorpresa un lunes
con el gerente anunciando
tu nuevo jefe,
que a partir de ese aciago día
hará que maldigas tu suerte.
—Juan es de lo más competente,
dice el capo delante de todos
mientras el otro lo mira bochornoso
acalorado por comentario tan temeroso—
empieza hoy y promete mucho…
Bueno, los dejo tranquilos y solos
para que aprovechen
y se conozcan un poco.
El patrón se retira del grupo
dejando tras de si
un silencio muy sustancioso.
El nuevo superior
sonríe como un bobo
y la calma expectante
queda oscurecida de pronto.
Junta valor para dar su primer mensaje
las palabras que sellarán
la suerte de todos.
—No se crean todo lo que dijo,
dice sudando vergonzoso,
pero sé que juntos vamos a alcanzar
destacados logros.
Risas forzadas y apretones de mano
disimulan las caras de espanto;
miradas furtivas e incrédulas
acompañan su lento retorno al despacho.

II

Cuando los retoños toman el poder
se encuentran con un dilema de engorro:
no saben que hacer
sentados en su escritorio.
El problema con estos genios
no es sólo que no pueden ser productivos:
tampoco dejan serlo a los otros.
Se sienten mal
al ver el laburo ajeno
y a él le quieren adicionar
su pequeño grano de arena.
Con ello lo único que logran
(indefectiblemente)
es desarrollar
un gigantesco agujero negro.
Por eso si ves algo que no cuadra
en un trabajo por lo demás muy bien hecho
ya sabés quien fue
el que ofreció su sabio consejo.
Por suerte sólo se fijan
en lo que para ellos es más importante:
el diseño y su aspecto;
así que a corregir esos dobles espacios,
a resaltar con negrita, cursiva y subrayado
y poner bien grande y en el centro
ese elemento horrible
que se le ocurrió debía ir,
en un arrojo,
a su ingenio.
Sus variadas habilidades
para disfrutar de la vida
chocan con una realidad peliaguda
cuando llega el momento fatal
de tomar decisiones,
dirigir el equipo
o resolver los problemas.
Frente a cada proposición disyuntiva
no saben con que alternativa
van sellar su destino
y el de todos los otros.
Ante cada opción elegida
queda expuesta su desnudez
para oculto sarcasmo
de sus atónitos subalternos.
Incrédulos éstos miran
a esta bestia ignorante
dar confusas explicaciones
a las respuestas requeridas,
cada una de las cuales
cuesta en gran parte ser digerida
y es imposible de ser emprendida.
Aquel, como un animal en peligro,
busca liquidar el asunto espinoso
para refugiarse en su oficina
y evitar por un rato el sofoco.
Por encima de su monitor
atisba temeroso
la reacción de aquellos salvajes
que con garras le mostraron
el conocimiento y la destreza.
No es que le preocupe la burla
de éstos sus criados
(eso lo tiene sin el menor cuidado)
pero no quiere quedar mal parado
ante el amigo que generosamente
le dio la mano.

III

La solidaridad, empero,
es el código de honor
entre los que se encuentran en falta
y por cada necio puesto a dedo
siempre hay por ahí
uno o dos zalameros.
La amistad crece con envión y sin freno
entre el inútil que busca un aliado
y el que para vivir
está a todo dispuesto.
Empleado bien entrenado
que a todo lo que dice el jefe
asiente
y de cualquier chiste se ríe
como un simpático bufón
ante su soberano.
Sumiso se muestra ante su jefe,
ingenuo ante sus compañeros.
El equipo lo mira como a un traidor
que indiferente tira al tacho
tanto arduo trabajo
por acatar la expresa orden
de un mandamás irritante
que hace planteos tan dignos
como la opinión de un infante.
Como un chiquito obediente
replica las quejas de sus colegas
respondiendo con cara de sonso
que él no tiene la culpa de todo.
Los peores son, sin embargo,
los que en el medio se quedan.
No cortan la relación con los chupamedias
y a la par de los otros se quejan;
pero de frente al jefe
silenciosos esperan:
no se arriesgan ni a elevar
un tono su voz.
Con cara inocente miran sorprendidos
la frustración de los otros
enojados con ellos
por su neutral timidez.
Como diplomáticos del Vaticano
quieren unir a todos
como si fueran hermanos;
igual que aquellos ilustres santos
son sus resultados.
Contra jefes salames
y compañeros zalameros
los demás siguen su lucha
con perseverante denuedo.
Una batalla estéril
de resistencia agotante
contra tan poco ingenio
y tan enorme flojera.
Poco a poco
los ánimos tibios se incendian
y las discusiones se caldean,
pero despacio la bronca se asienta
hasta que el cansancio
la apaga del todo.
Los mejores
(o más suertudos)
comienzan su retirada
a horizontes mejores;
los otros
ven crecer su desesperación
hasta convertirse en sarcasmo.
Negativos, críticos e insoportables
ya no se bancan más el desastre,
pero por un motivo o por otro
nunca abandonan la nave.

IV

El mundo sigue
entretanto su rumbo
y en la inverosímil dimensión del demérito
los jefes impresentables
logran subir otro puesto.
Como son agradecidos
de aquellos que agua les dieron
mientras paseaban por el desierto,
utilizan su reposado dedo
para elevar con ellos
al más meloso de sus subalternos,
generalmente—el peor de todos.
Así se escribe la carrera meritocrática:
la amistad, la conveniencia y la experiencia
(para chupar las medias)
abren las mejores puertas.
Pero nada teman
los que privilegian otras competencias:
todo inútil siempre necesita alguien
que haga la parte que le cuesta
(después de todo
el área tiene que funcionar.)
Lo único que pide a cambio
es que no se le discuta
(no importa lo absurdo de lo que diga,)
que le dejen llevarse el mérito
(porque quiere mostrar su agradecimiento
con aquél que le dio el puesto)
y que sonrían y lo entretengan
cuando aparezca cada dos minutos
a matar los resquicios de tiempo
en su agenda exhausta de compromisos.

El boliche más inclusivo de todos

Existe una utopía a la que todo filósofo debería tomar de modelo,
un lugar que se busca con más empeño que la entrada del Cielo;
donde todos tienen la puerta abierta y nadie se queda afuera,
donde todos son iguales y nadie mira al otro en forma altanera;
donde no importa si sos alto, bajo, rollizo o delgado,
si sos negro, blanco o de un marrón no categorizado,
si llegaste al mundo recién o festejas este día como uno ganado,
si estás en la flor de la vida o tu vida es una flor que lentamente marchita;
donde no importa si sos hétero, gay o transexuado,
si tu situación es casado, viudo o algún otro estado,
si cambiás todos los días de novia o estás solo y mortificado,
si salís seguido con tus amigos o te la pasás aislado en tu pieza;
donde no importa si sos budista, judío, musulmán o cristiano,
si crees en Dios o sos un ateo que nunca se ha confesado,
si sos obrero, clase media o un cerdito acaudalado,
si sos de izquierda, indiferente o más bien derechista;
donde no importa si tenés un trabajo digno o estás desempleado,
si sos cumplido, serio y honrado o un transgresor por la policía buscado,
si vivís en una villa o en el más exclusivo barrio cerrado,
si te sobra el dinero o no te alcanza ni para dos galletitas;
mientras tengas un billete de circulación válido
o un rectángulo con tu nombre hecho de plástico
(y que cuando pase por el aparato diga que tenés saldo)
podés entrar al boliche más inclusivo de todos;
pero si no tenés un medio de pago a mano,
vas a aprender lo que es el ostracismo, estar out y ser ignorado
porque este club es un lujo…
pero sólo para los que están invitados.

Bronca contenida

¡Andate a la puta que te parió!
Lamentablemente el grito no funcionó:
quedó atrapado en algún vértice de mi mente
apenas se visualizó con un ceño fruncido en mi frente.
Por eso mi bronca no se disipa:
mi frustración se retuerce con odio en mi tripa
y como una represa que poco a poco incrementa
queda contenida con una presión truculenta.

Es sobre el más débil que me descargo intenso
con un desenfreno del que mucho me avergüenzo
incomodado por mi carácter débil y pobre
que es un canario en la refriega, pero un cóndor ante una liebre.

Ese estigma no lo puedo quitar de mi aspecto
mi orgullo no soportaría semejante acto modesto;
así me enojo contra la víctima de mi bajeza
y lo aborrezco por confrontarme con mi tibieza,
con la que tengo una persistente y estéril disputa
a la que mi ego alienado en venganza le espeta
una injuria que en mi boca queda presa:
¡Andate a la puta que te parió!

Las hojas

Sopla la sudestada
Las hojas caen de la copa como si nevara.
La corriente tremolina
Las hojas se contonean con una vibración cantarina.
El viento se pacifica
Las hojas quedan esparcidas como una delgada garrapiña.
Una ráfaga sostenida
Las hojas corren sobre la vereda como una multitud en estampida.
La brisa se aplaca
Las hojas esperan inmóviles e inertes como estacas.
Los autos avanzan
Las hojas van y vienen revueltas en mezcolanza.
El semáforo cambia
Las hojas se serenan recelando otra danza.
Las personas avanzan
Las hojas crujen y se retuercen bajo sus plantas.
Un trueno retumba
Las hojas se agitan temerosas en la penumbra.
La lluvia se larga
Las hojas se condensan empapadas por el agua.
La tormenta arrecia
Las hojas ateridas ven alterada su peripecia.
La tromba escampa
Las hojas tiesas en la vereda aglutinadas como estampas.
La noche despeja
Las hojas tratan de descifrar estos hechos sin moraleja.

No quiero

No quiero aceptarte por compromiso
no quiero agregarte sin saber quién sos;
no quiero una relación tan cercana
no quiero saber tanto de vos.

No quiero ver las fotos de tu sobrino
no quiero ver a tu perro, ¡que divino;!
no quiero más invitaciones a tus juegos
no quiero más convocatorias de eventos.

No quiero compartir mis comidas
no quiero compartir mis salidas;
no quiero expresar lo que siento
no quiero manifestar lo que pienso.

No quiero comentarios comedidos
no quiero sentimientos desmedidos;
no quiero lindas declaraciones vacías
no quiero grandes hazañas emotivas.

No quiero un pequeño refrán exquisito
no quiero palabras de un gran erudito;
no quiero una oración milagrosa
no quiero una frase profunda y virtuosa.

No quiero mil y un chistes agotados
no quiero más clichés estereotipados;
no quiero cadenas de mail rescatadas
no quiero revivir otra vez esa etapa.

-o-

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