El boliche más inclusivo de todos

Existe una utopía a la que todo filósofo debería tomar de modelo,
un lugar que se busca con más empeño que la entrada del Cielo;
donde todos tienen la puerta abierta y nadie se queda afuera,
donde todos son iguales y nadie mira al otro en forma altanera;
donde no importa si sos alto, bajo, rollizo o delgado,
si sos negro, blanco o de un marrón no categorizado,
si llegaste al mundo recién o festejas este día como uno ganado,
si estás en la flor de la vida o tu vida es una flor que lentamente marchita;
donde no importa si sos hétero, gay o transexuado,
si tu situación es casado, viudo o algún otro estado,
si cambiás todos los días de novia o estás solo y mortificado,
si salís seguido con tus amigos o te la pasás aislado en tu pieza;
donde no importa si sos budista, judío, musulmán o cristiano,
si crees en Dios o sos un ateo que nunca se ha confesado,
si sos obrero, clase media o un cerdito acaudalado,
si sos de izquierda, indiferente o más bien derechista;
donde no importa si tenés un trabajo digno o estás desempleado,
si sos cumplido, serio y honrado o un transgresor por la policía buscado,
si vivís en una villa o en el más exclusivo barrio cerrado,
si te sobra el dinero o no te alcanza ni para dos galletitas;
mientras tengas un billete de circulación válido
o un rectángulo con tu nombre hecho de plástico
(y que cuando pase por el aparato diga que tenés saldo)
podés entrar al boliche más inclusivo de todos;
pero si no tenés un medio de pago a mano,
vas a aprender lo que es el ostracismo, estar out y ser ignorado
porque este club es un lujo…
pero sólo para los que están invitados.

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